Escribo cuando me siento triste, o mejor dicho, cunado me siento triste, escribo. No entiendo realmente cual es la causa de esta tristeza, es un tristeza meramente humana, superficial la llamaría yo. A veces siento que me conozco lo suficiente como para saber que es lo que me sucede, y sin embrago me doy cuenta que no me conozco como yo esperaba. Lloro sintiendo tristeza por causa del amor, el amor duele demasiado y esa con sapiencia la poseía ya desde mucho tiempo atrás (no se que es lo que me sorprende). Me sofoca la idea de permanecer sola por el resto de mis días, me parece realmente insoportable el siquiera imaginar que no existe persona en el mundo que pueda entenderme y quererme como soy. Mis limitaciones son tantas que se me hace muy difícil a veces pensar que mi felicidad durará por mayor tiempo.
¿Que me pasa? He superado tantos obstáculos a lo largo de mis veinticinco años, pruebas contundentes que me han permitido llegar a ser lo que soy en este instante, ¿porque entonces me parece que todo este sufrir no termina jamás? Nuevas taras y fracturas dentro de mi misma se hacen presentes y para mi sorpresa no puedo contra ellas, me subyugan al inicio, y si tengo suerte y mucha fuerza, logro someterlas y liberarme de ellas para siempre a veces y provisionalmente en otras ocasiones.
Todo pareciera tan sencillo, la felicidad esta en frente de mi con su presencia más tangible y entonces, en un instante se aleja de mi lentamente, lastimeramente. Es ese movimiento que fluctúa dentro de mi, dentro de mi razón, el que me mantiene en constante cambio. Es esa fuerza que no descansa la que se yergue ante mi y provoca este profundo desconcierto. Pareciera que el monstruo dentro de mi deseara salir de su estático y ordinario cuerpo, liberándose para trascender o hacer combustión con el aire y desaparecer en millones de partículas. Es un monstruo, un demonio o quizás una reina, un hada.
Mi vida ordinaria y común a las demás me hace sentir tranquila, pero ese gran demonio no vive en paz en una vida tan simple, empieza entonces a desquiciarse y desear salir, expandirse, trascender, revolcarse, causar caos e irracionalidad. Es esta la dualidad que me corrompe, que me entristece. Es muy fácil ponerle nombre a las cosas, darle un significado mitológico a las circunstancias adversas de la vida, es la única forma de ayudarnos a entender.
Por ahora me he cansado, espero despertar con los ánimos vigorizados y espero más que nada, que ese demonio permanezca en silencio por una eternidad.